miércoles, 12 de septiembre de 2012

A las ocho y cuarto de la mañana del 6 de agosto de 1945 hubo, sin duda, un lugar en el que la Tierra se convirtió en lo más parecido al infierno...

Las dos bombas atómicas que pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial se llevaron por delante la vida de miles de personas, pero dejaron a otras muchas viviendo entre dos mundos, en una situación que incluso hoy día es padecida por bastantes japoneses.
Las chicas de Hiroshima

Las 25 las chicas de Hiroshima, que viajaron a América en un vuelo muy especial, habían sufrido graves deformaciones producidas por la explosión nuclear del 6 de agosto del 45. Fueron conocidas como las “Hiroshima Maidens” y, durante un año y medio, abrieron la mente de los estadounidenses como nadie había podido lograr antes sobre la herida nunca cerrada de los bombardeos atómicos.

Las chicas seleccionadas, al poco tiempo de llegar a América, volaron hacia Los Ángeles para ser protagonistas del programa de televisión más conocido de la época, el célebre This is Your Life de la NBC. Todo estaba previsto y nada podía salir mal. Las chicas de Hiroshima aparecían detrás de un velo. El objetivo del programa consistía en recaudar ayuda económica en forma de donaciones, para llevar a buen puerto todas las operaciones. 

Pero llegó un invitado al show, que cambió para siempre la percepción “aséptica” del tema nuclear. Apareció ante todos, con algunos síntomas de embriaguez, nervioso y apesadumbrado, un hombre que deseaba realizar una modesta donación y, además, quiso hacer una declaración que se convirtió en un torpe monólogo, apenas sin sentido en el que lo más sobresaliente fue el recuerdo de una frase que afirmó haber pronunciado volando sobre Hiroshima el el 6 de agosto de 1945: “Dios mío, ¿qué hemos hecho?”.

 
Se trataba de Robert A. Lewis, el copiloto del bombardero B-29 Enola Gay, que junto a Paul Tibbetts, dejó caer al monstruo nuclear sobre la ciudad de Hiroshima. Su declaración ante los estadounidenses, junto a las chicas de Hiroshima, fue uno de los momentos más sorprendentes de la historia de la televisión. Nadie había calculado el poder de aquellas poderosas imágenes, cuando las chicas de Hiroshima, en silencio, contemplaron la sombría estampa del militar atormentado. La recaudación fue asombrosamente alta y finalmente el velo de la ignorancia voluntaria sobre lo sucedido en Hiroshima empezó a caer, gracias a las chicas de Hiroshima.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario